ESTOS SON VEINTE DE LOS MEJORES POEMAS DE TOMAS PARA 20/20

febrero 29, 2012

15. TOMAS TRANSTRÖMER


MEDITACIÓN AGITADA

Una tormenta hace girar las aspas del molino
que salvajemente, en la oscuridad de la noche, muele la nada.
         Las mismas leyes te mantienen despierto.
La panza del tiburón gris es tu débil lámpara.

Recuerdos difusos se hunden en la profundidad del mar
y allí se petrifican junto a extrañas columnas. Verde
         de algas está tu muleta. Quien
se va hacia la mar regresa rígido.



EPILOGO

Diciembre. Suecia es una extenuada
barca en tierra. Sus ásperos mástiles,
contra el cielo del anochecer.
Y el anochecer dura más
que el día: el camino que conduce hasta aquí es pedregoso:
recién a la hora de la cena llega la luz
y asciende el coliseo del invierno
iluminando desde nubes irreales. Entonces sube
de pronto el humo blanco, vertiginoso
de los pueblos. Infinitamente altas están las nubes.
En las raíces del árbol del cielo hurga el mar,
distraído, como escuchando algo.
(Invisible pasa un pájaro sobre la parte oscura,
retraída del alma, despertando
a los durmientes con sus trinos. Así gira
el refractor, atrapa otra época
y ya es verano: muge la montaña, hinchada
de luz y el arroyo levanta el brillo del sol
en mano transparente… Luego, todo se esfuma
como cuando en la oscuridad se corta la película.)

Ahora la estrella de la tarde quema la nube.
Árboles, patios traseros y casas se amplían, crecen
en la avalancha silenciosa de la noche que cae.
Y bajo la estrella surge más y más
el otro, el oculto paisaje que vive
vida de silueta en la chapa radiográfica de la noche.
Una sombra lleva su trineo entre las casas.
Ellas esperan.

A las 18.00 llega el viento
y galopa ruidoso en la penumbra
de la calle del pueblo, como caballería. ¡Cómo
la negra inquietud actúa y se desvanece!
En danza inmóvil están las casas presas,
en este zumbido que se parece al sueño. Uno y otro
golpe de viento vagan sobre la bahía, lejos,
hacia el mar abierto que se arroja en la noche.
Flamean las estrellas desesperadas en el espacio.
Las encienden y apagan nubes que van volando;
solo cuando anochece la luz elimina
su existencia, como las nubes del pasado
que cazan en las almas. Cuando paso frente
a la pared del establo, se oye el estruendo
de coces del caballo enfermo que está adentro.
Y es la partida en la tormenta, junto
A una reja que golpea y golpea, un farol
que surge de una mano, un animal que cacarea
de terror en el monte. La partida, cuando truena
como la tempestad sobre los techos de los establos, bordonea
en los hilos telefónicos, estridente silba
en las tejas del techo nocturno
mientras el árbol desamparado extiende sus ramas.
¡Un tono de gaitas se libera!
Un tono de gaitas que avanzan desfilando,
liberadoras. Una procesión. ¡Un bosque en marcha!
Chorrean en torno a proa y la oscuridad se mueve
y tierra y agua se transportan. Y los muertos,
los que se fueron bajo cubierta, van con nosotros,
con nosotros, en marcha: un viaje por mar, transcurso
que no es caza, sino amparo.

Y el mundo rasga todo el tiempo su carpa
de nuevo. Un día de verano el viento toma
la jarcia de la barca y arroja la Tierra hacia delante.
Rema el nenúfar con su pata de rana oculta
en el vientre oscuro de la laguna que huye.
Rueda lejos un bólido en las salas del espacio.
En el anochecer de verano se ven las islas elevarse
en el horizonte. Viejos pueblos van
en camino, se internan en los bosques más y más,
en la rueda de las estaciones, con el rechinar de la urraca.
Cuando el invierno abandona sus botas,
y el sol tañe más alto, los árboles se cubren de hojas
y se llenan de viento y en libertad navegan.
Junto al pie del monte está el declive del pinar,
pero viene la ola larga y tibie del verano,
pasa lentamente entre los topes del árboles, descansa
un instante y se hunde otra vez:
queda una costa deshojada. Y por fin:
el espíritu de Dios es como el Nilo: se desborda
y se hunde a un ritmo que ha sido calculado
en textos surgidos en épocas distintas.
pero también él es inmutable
y por eso rara vez se le ve por aquí.
Él cruza la procesión desde el costado.
Como el navío pasa entre la bruma
sin que la bruma nada perciba. Silencio.
La débil luz de la linterna es la señal.


(De 17 poemas)



CARA A CARA

En febrero lo vivo estaba inmóvil.
Los pájaros preferían no volar y el alma
roía en el paisaje como un barco
roza en el muelle al cual está amarrado.

Los árboles nos daban la espalda.
La altura de la nieve se medía con juncos.
Envejecían las huellas de pasos sobre el hielo.
Se derretía el lenguaje bajo un toldo.

Algo llegó hasta la ventana un día.
Se detuvo el trabajo, yo levanté la vista.
Los colores ardían. Todo se dio la vuelta.
El mundo y yo dimos un salto el uno hacia el otro.




II
EL VIAJE

En las estación de metro.
Tumulto entre carteles
en la luz fija y muerta.

El tren vino y llevó
rostros y portafolios.

La próxima: Oscuridad. Sentados
como estatuas en los vagones
que se precipitaban en las cuevas.
Obligación, sueños, obligación.

En estaciones bajo el nivel del mar
se vendían las Noticias de lo Oscuro.
Había gente triste en movimiento,
silenciosa bajo los relojes.

El tren llevó consigo
abrigos y almas.

Miradas en todas direcciones
En el viaje a través de la montaña.
Todavía ningún cambio.

Pero más cerca de la superficie se oyeron
zumbar los abejorros de la libertad.
Salimos de la tierra.

El campo aleteó
una vez y se quedó inmóvil
bajo nosotros, extendido y verde.

Espigas volaron
sobre los andenes.

¡Estación terminal! Acompañé a los otros
más allá de la estación final.

¿Cuántos éramos? Cuatro,
cinco, no muchos más.

Casas, caminos, nubes,
ensenadas azules y montañas
abrieron sus ventanas.



UNA NOCHE DE INVIERNO

La tormenta posa su boca en la casa
    y sopla, buscando el tono.
Yo duermo inquieto, doy vueltas, leo
   a ojos cerrados el texto de tormenta.

Mas grandes son los ojos del niño en la penumbra
    y la tormenta gime para el niño.
Ambos gustan de lámparas que oscilan.
    Ambos están a mitad de camino al lenguaje.

La tormenta con manos y alas infantiles.
    Se desboca la caravana a Laponia.
Y la casa siente la constelación de clavos
     que mantiene unidas las paredes.

La noche está calma sobre nuestro piso
    (donde todos los pasos que han resonado
descansan como hojas caídas al estanque)
    ¡pero afuera la noche está salvaje!

Sobre el mundo anda una tormenta más seria.
     pone su boca sobre nuestra alma
y sopla, buscando el tono. Tememos
     que la tormenta sople hasta vaciarnos.


(De El Cielo a Medio Hacer)





SOBRE LA HISTORIA
(V )

En el baldío, no lejos de las casas
hay un diario lleno de hechos olvidado hace meses.
Se envejece a través de las noches y días a la lluvia y al sol,
va volviéndose planta, una col, va uniéndose al suelo.
Así como, lentamente, un recuerdo se transforma en ti mismo.


LLANURA ESTIVAL

Uno ha visto tanto.
A uno la realidad lo ha consumido tanto:
pero al fin, ha llegado el verano:

un gran aeropuerto –el controlador baja
carga tras carga de gente
congelada del espacio.

La hierba y las flores: aquí aterrizamos.
La hierba tiene un jefe verde.
Yo me pongo a sus órdenes.


BAJO PRESIÓN

El estrépito del motor del cielo azul es fuerte.
Estamos presentes en un tembloroso lugar de trabajo
donde de pronto puede aparecer la profundidad del mar
-zumban caracoles y teléfonos.

La belleza, uno alcanza a verla fugazmente de perfil.
El denso cereal en el sembrado, muchos colores en un torrente
       Amarillo.
Las inquietas sombras de mi cabeza son atraídas hacia allí.
Reptando, quieren meterse en el cereal y transformarse
       en oro.

Cae la oscuridad. A medianoche me voy a la cama.
Al barco más pequeño lo botan desde el más grande.
Se está solo en el agua.
El casco oscuro de la sociedad se aleja más y más.

(De Tañidos y Huellas)



EL NOMBRE

Me adormezco durante el viaje en coche y me detengo bajo los árboles, junto al camino. Me acurruco en el asiento trasero y duermo. ¿Cuánto tiempo? Horas. La oscuridad alcanza a caer.
De pronto estoy despierto y no me reconozco. Estoy bien despierto, pero eso no me ayuda. ¿Dónde estoy? ¿QUIÉN soy? Soy algo que despierta en un asiento trasero, algo que se revuelve, con pánico, como un gato en una bolsa. ¿Quién?
Por fin viene mi vida de regreso. Mi nombre llega como un ángel. Fuera de los muros suena un toque de trompeta y los pasos salvadores llegan rápida, rápidamente descendiendo la demasiado larga escalera. ¡Soy yo! ¡Soy yo!
Pero imposible olvidar la lucha de los quince segundos en el infierno del olvido, a pocos metros de la carretera por la que fluye el tráfico con luces encendidas.


LA VENTANA ABIERTA

Parado frente a la ventana abierta,
en un primer piso,
me estaba afeitando una mañana.
Encendí la maquinilla.
Comenzó a zumbar.
Zumbaba más y más.
Creció hasta el estruendo.
Creció hasta ser un helicóptero
y una voz –la del piloto- penetró
a través del estruendo; gritaba:
“¡Mantén la vista alerta!
Es la última vez que ves esto”.
Nos elevamos.
Volamos bajo sobre el verano.
¿Importa saber cómo disfrutaba?
Docenas de dialectos en verde.
Y en especial el rojo en las casas de madera.
Los escarabajos brillaban en el barro, al sol.
Sótanos arrancados por las raíces
llegaban por el aire.
Actividad.
Las prensas se arrastraban.
En ese momento era la gente
lo único que se mantenía quieto.
Guardaban un minuto de silencio.
Y especialmente los muertos del cementerio rural
estaban quietos
como cuando posábamos para fotos infantiles.
¡Vuela bajo!
Ya no supe adónde volvía yo
mi cabeza:
con visión dividida
como un caballo.


PRELUDIOS
(III)

El piso en el que viví la mayor parte de mi vida va a ser desalojado. Ahora está totalmente vacío. Han levado el ancla. A pesar de que prevalece el luto, es el piso más liviano de la ciudad. La verdad no necesita muebles. He dado una vuelta alrededor de la vida y he vuelto al punto de partida: una habitación dinamitada. Las cosas en las que he participado aquí se muestran en las paredes como pinturas egipcias, escenas del interior de una cámara funeraria. Pero se van destruyendo más y más. La luz es acaso demasiado fuerte. Las ventanas se han agrandado. El piso vacío es un gran telescopio que apunta hacia el cielo. Está silencioso como una ceremonia cuáquera. Lo que se oye son las palomas del patio trasero, su arrullo



ERGUIDOS

En un instante de concentración logré apresar la gallina, la tuve entre las manos. Curiosamente, no se la sentía realmente viva: rígida, seca, un sombrero de dama blanco adornado con plumas que gritaba verdades de 1912. Los relámpagos colgaban en el aire. De las tablas subía un aroma parecido a cuando uno abre un álbum de fotos tan viejo que ya no se pueden identificar los retratos.
Llevé la gallina hasta el corral y la solté. De pronto se volvió muy vivaz, se reconoció y corrió según las reglas. El gallinero está lleno de tabúes. Pero el suelo a su alrededor está lleno de amor y de energía. A medias cubierto de maleza, un bajo muro de piedra. Cuando anochece, las piedras empiezan a brillar débilmente por el calor centenario de las manos que la construyeron.
El invierno ha sido duro, pero ahora es verano y la tierra nos quiere erguidos. Libres pero prudentes, como cuando se navega en una barca estrecha. Emerge un recuerdo de África: en la costa de Chadi, muchas barcas, un ambiente muy amistoso, las personas son casi negriazules, con tres cicatrices paralelas en cada mejilla (la tribu SARA). Soy bienvenido a bordo: una canoa de madera oscura. Es asombrosamente inestable, aunque me ponga en cuclillas. Un número de equilibrista. Si el corazón está a la izquierda, uno debe inclinar la cabeza un poco hacia la derecha; nada en los bolsillos, nada de grandes ademanes, aquí hay que abandonar toda la retórica. Precisamente eso: la retórica es imposible aquí. La canoa se aleja deslizándose.


(De Visión Nocturna)



MÁS ADENTRO

En la gran entrada a la ciudad
cuando el sol está bajo.
El tráfico se hace denso, repta.
Es un pesado dragón reluciente.
Soy una de las escamas del dragón.
De pronto está el sol rojo
frente al parabrisas
e inunda el coche.
¡Estoy iluminado
y una escritura se hace visible
dentro de mí,
palabras con tinta invisible
que aparecen
cuando el papel se acerca al fuego!
Sé que debo ir lejos,
atravesar la ciudad y luego
más allá, hasta que sea hora de ir
a caminar largamente por el bosque.
A seguir las huellas del tejón.
Se oscurece, se dificulta la visión.
Allí, en el musgo, hay piedras.
Una de esas piedras es valiosa.
Ella puede transformarlo todo,
puede hacer brillar la oscuridad.
Es un interruptor para todo el país.
Todo depende de ella.
Vera, tocarla…


(De Senderos)



BALTICOS
(V)

30 de julio. La ensenada se ha vuelto excéntrica: hoy, por primera vez en años, pululan las medusas, se hinchan y avanzan en calma y armonía, pertenecen a la misma compañía naviera: AURELIA; se deslizan a la deriva como flores después de un funeral marino, si se las alza del agua pierden toda forma, como cuando una indescriptible verdad es arrancada del silencio y es formulada y convertida en gelatina muerta, sí, son intraducibles, deben permanecer en su elemento.

2 de agosto. Algo quiere ser dicho pero las palabras se niegan.
Algo que no puede ser dicho,
afasia,
no hay palabras pero tal vez haya un estilo…

Sucede que uno se despierta por la noche
y arroja rápidamente unas palabras
en el papel más cercano, en el margen de un periódico
(¡las palabras resplandecen de sentido!)
pero por la mañana: las mismas palabras ya no dicen nada,
              garabatos, lapsus.
¿O fragmentos del gran estilo nocturno que pasaron de largo?

La música llega a un ser humano, él es compositor, él la interpreta,
             hace carrera, llega a ser Jefe del Conservatorio.
La coyuntura cambia, las autoridades lo condenan.
Como Jefe de la Fiscalía nombran a su alumno K***.
Es amenazado, degradado, desterrado.
Pasan algunos años y la desgracia se atenúa, es rehabilitado.
Entonces llega el derrame cerebral: parálisis en el lado derecho
             con afasia, solo comprende frases cortas, dice palabras
             inadecuadas.
Así, no lo alcanzan ni el ascenso ni la condena.
Pero la música permanece, sigue componiendo en su propio
             estilo,
se convierte en un fenómeno de la medicina por todos los años
             que le queden por vivir.

Escribió música para textos que ya no comprendía:
del mismo modo
expresamos con nuestras vidas algo
en el coro que tararea lapsus.

Las conferencias sobre la muerte duraron varios semestres.
        Yo asistí con compañeros que no conocía
(¿quiénes sois?):
después nos fuimos cada uno a lo suyo, siluetas.

Miré al cielo y la tierra frente a mí
y escribo desde entonces una larga carta a los muertos
en una máquina que no tiene cinta, solo una estría de luz del horizonte
de modo que las palabras repiquetean y nada queda escrito.

Estoy con la mano en el pestillo, tomo el pulso a la casa.
Las paredes están tan llenas de vida
(los niños no se atreven a dormir solos en el cuarto de arriba: lo
que a mí me da calma a ellos los inquieta.)


(Fragmento)
(De Bálticos)


GARABATOS DE FUEGO

En los meses sombríos centelleaba mi vida
       solo cuando hacía el amor contigo.
Como el cocuyo se enciende y apaga, se enciende y apaga
       -uno puede seguir de a ratos su trayecto
en la oscuridad de la noche, entre los olivos.

En los meses sombríos el alma estuvo hundida
       y sin vida
pero el cuerpo iba derecho a ti.
Mugía el cielo nocturno.
Nosotros ordeñábamos a escondidas el cosmos y sobrevivíamos.

(De La Plaza Salvaje)



TÁBANO DORADO

El lución, lagartija sin patas, fluye a ras de la escalera del zaguán
calmo y majestuoso como una anaconda; la diferencia es solamente el tamaño.
El cielo está cubierto pero el sol irrumpe. Así es el día.

Esta mañana, mi amada ahuyentó a los malos espíritus.
Como cuando uno abre la puerta de un oscuro cobertizo del Sur
y la luz lo invade
y las cucarachas salen como flechas rápido rápido hacia los rincones y suben por las paredes
y ya no está –uno las vio y a la vez no las vio-:
así la desnudez de mi amada hizo huir a los demonios.

Como si nunca hubiesen existido.
Pero vuelven.
Con mil manos que conectan en falso la anticuada central telefónica de los nervios.

Es el cinco de julio. Los tréboles se estiran como si quisiesen ver el mar.
Estamos en la iglesia de la mendicidad, devoción sin alfabeto.
Como si los irreconciliables rostros de los patriarcas no existiesen
y el nombre de Dios mal escrito en la piedra.

Yo vi a un ortodoxo predicador de televisión que recolectó muchísimo dinero.
Pero era frágil y necesitaba el apoyo de un guardaespaldas,
un chico bien vestido con una sonrisa que le ajustaba como una mordaza.
Una sonrisa que ahogaba un grito.
El grito de un niño al que los padres dejan abandonado en una cama de hospital.

Lo divino roza a una persona y enciende una llama
pero luego se retira.
¿Por qué?
La llama atrae las sombras, estas vuelan crepitando y se funden con la llama
que sube y se ennegrece. Y el humo se extiende negro y estrangulador.
Al final, tan solo el humo negro; al final, tan solo el devoto verdugo.

El devoto verdugo se inclina hacia adelante
sobre la plaza y la multitud, que forman un espejo rugoso
donde puede mirarse.

El mayor fanático es el mayor escéptico. Él no lo sabe.
Él es un pacto entre dos
según el cual el uno tiene que ser visible al cien por ciento y le otro invisible.
¡Cómo odio la expresión “cien por ciento”!

A los que no pueden estar sino en su parte delantera
a los que nunca están distraídos
a los que jamás abren la puerta equivocada para poder así vislumbrar al Inidentificado,
¡déjalos de lado!

Es el cinco de julio. El cielo está nublado pero el sol irrumpe.
El lución fluye a ras de la escalera del zaguán, calmo y majestuoso como una anaconda.
El lución, como si no existiese Administración.
El tábano dorado, como si no existiese el culto a los ídolos.
Los tréboles, como si no existiese “cien por ciento”.

Siento esa hondura en la que uno es amo y cautivo, como Perséfone.
A menudo he yacido en la áspera hierba, allí abajo,
y he visto la tierra abovedarse sobre mí.
La bóveda terrestre.
A menudo; ha sido la mitad de mi vida.

Pero hoy me ha abandonado mi mirada.
Mi ceguera ha partido.
El oscuro murciélago abandonó mi rostro y tijeretea en torno al luminoso espacio del verano.



LA CASA DEL DOLOR DE CABEZA

Me desperté en el mismo centro del dolor de cabeza. El dolor de cabeza es el lugar donde debo permanecer y por esto me he quedado sin recursos para pagar alquiler en algún otro lado. Me duele tanto el cabello que se está volviendo cano. Duele dentro del nudo gordiano, el cerebro, eso que desea tantas cosas, en diferentes direcciones. El dolor es una medialuna que cuelga medio dormida en el cielo celeste, el color desaparece del rostro, la nariz señala hacia abajo, toda la vara del zahorí se tuerce hacia abajo, hacia la corriente subterránea: el dolor. Me he mudado a una casa que fue construida en lugar erróneo; hay un polo magnético casi debajo de la cama, casi bajo la almohada y cuando el tiempo cambió, encima de la cama, hubo un cortocircuito. Una vez tras otra intento imaginarme que un enorme cascanueces pellizca con un agarrón milagroso las vértebras del cuello, algo que de una vez para siempre enderezará la vida. A propósito, no solo hay dolor en mi cabeza privada. El mal se relaciona, entre otras cosas, con las negociaciones de paz en París que se ha “malogrado”, y la expresión “malogrado” se proyecta en la pantalla que hay aquí dentro. También duele porque las cartas quedan sin responder, porque ayer estaba enojado, porque uno derriba la vieja y fea casa para construir una más fea aún. Pero la casa del Dolor de Cabeza no está madura para ser eliminada. Antes tendré que vivir allí una hora, dos horas, la mitad de un día. Antes dije que era un lugar, luego he cambiado diciendo que es una casa, pero la pregunta es si no será una ciudad entera. El tráfico se desliza implacablemente lento. Los diarios aparecen. Suena un teléfono.


(De Para Vivos y Muertos)




GÓNDOLA FÚNEBRE

I
Dos hombres, suegro y yerno, Liszt y
            Wagner, viven junto al Canal Grande
con la inquieta esposa del rey Midas,
ese que transforma en Wagner todo lo que
                                                               toca.
El frío verde del mar atraviesa los pisos del
                                                                palacio.
Wagner destaca, el conocido perfil de títere
                                     parece más cansado;
el rostro, una bandera blanca.
La góndola cargada pesadamente con sus vidas; dos pasajes
de ida y vuelta y otro
                                    solo de ida.


II
Una ventana del palacio se abre con el viento y el súbito
soplo provoca muecas.
Sobre el agua aparece la góndola del basurero
impulsada por dos bandidos con remo.
Liszt ha escrito unos acordes tan pesados
             que deberían ser enviados a analizar
en el Instituto de Mineralogía de Padua.
¡Meteoritos!
Demasiado pesados para la quietud, pueden solo hundirse
más y más, futuro abajo, hasta
los años de las camisas pardas.
La góndola, pesadamente cargada con las
               hacinadas piedras del futuro.


III
Rendijas, hacia 1990.

25 de marzo. Inquietud por Lituania.
Soñé que visitaba un gran hospital.
No tenía funcionarios. Todos eran pacientes.

En el mismo sueño, una niña recién nacida
hablaba con completas oraciones.


IV
Junto al yerno, que es hombre de su tiempo,
             Liszt es un apolillado grandseigneur.
Es un disfraz.
El abismo, que ensaya y descarta máscaras
           diferentes, ha elegido justo esta para él,
el abismo, que quiere subir hasta los hombres sin mostrar
                                                                                 su rostro.


V
El Abate Liszt está habituado a cargar él
          mismo su maleta por soles y por nieves
y cuando muera un día, nadie irá a
                                   esperarlo a la estación.
La tibia brisa de un coñac excelente lo
                                    conduce a la tarea.
Siempre tiene tarea.
¡Dos mil cartas al año!
El escolar que escribe cien veces el palote,
              antes de que le permitan volver a casa.
La góndola cargada pesadamente de vida;
                                      es sencilla y negra.


VI
De regreso en 1990.

Soñé que conducía doscientos quilómetros en vano.
Entonces, todo se agigantó. Gorriones enormes como gallinas
cantaban de modo ensordecedor.

Soñé que dibujaba teclas de piano
en la mesa de cocina. Tocaba sordamente en ellas.
Los vecinos acudían a escuchar.


VII
El clavicordio que calló durante todo
              Persifal (aunque estaba escuchando) puede
                                               al fin decir algo.
Suspiros… sospiri…
Mientras Liszt toca, esta noche, mantiene
                                     apretado el pedal marino
para que la fuerza verde del mar suba a
través del piso y se una a todas las piedras
                                            del edificio.
¡Buenas tardes, bello abismo!
La góndola cargada pesadamente de vida;
                                             es sencilla y negra.


VII
Soñé que llegaba tarde el primer día de clases.
Todos en el salón llevaban máscaras blancas
                                      sobre el rostro.
Imposible decir quién era el maestro.




EL CUCLILLO

Un cuclillo gorjeaba en el abedul cercano, hacia el lado Norte de la casa. Era tan sonoro que al principio creí que era un cantante de ópera que imitaba a un cuclillo. Yo miraba asombrado al pájaro. Las plumas de la cola se movían de arriba abajo a cada tono, como la palanca de una bomba. El pájaro saltaba en sus dos patas, se movía y gorjeaba hacia todos los puntos cardinales. Luego se elevó y voló hacia le lejano Oeste, maldiciendo en voz baja sobre las casas… El verano envejece y todo se une en un solo susurro apasionado. Cuculus canorus vuelve a los trópicos. Su tiempo en Suecia ha llegado a su fin. ¡No fue mucho! En realidad, el cuclillo es ciudadano de Zaire… Yo ya no estoy tan interesado en viajar. Pero el viaje me visita a mí. Ahora que me incrusto más y más en un rincón, ahora que los anillos de los años crecen, ahora que necesito gafas para leer. ¡Lo que sucede es siempre más de lo que podemos llevar con nosotros! No hay de qué asombrarse. Estos pensamientos me transportan tan fielmente como Susi y Chumba cargan la momia de Livingstone a través de África.



DOS CIUDADES

A los lados de un estrecho, dos ciudades:
una ocupada por el enemigo, a oscuras.
En la otra, las lámparas que brillan.
La costa iluminada hipnotiza la oscura.

Voy nadando en trance
por el agua brillosa y sombría.
Penetra un sordo golpe de tuba.
Es la voz de un amigo: toma tu tumba y anda.


(De Góndola Fúnebre)





 Tomas Tranströmer, (Estocolmo, 15 de abril de 1931) psicólogo, escritor, poeta y traductor. Ha publicado diecisiete libros de poesía, entre los que se encuentran todos los anteriormente nombrados en esta selección.

enero 31, 2012

14. ANTONIO LOPEZ

Noche





 Mari en embajadores





 La aparicion






Conejo desollado





 Nevera de hielo





 Los amantes





 La abuela Alejandra haciendo punto





 Figuras en una casa





 Centro de restauracion






 Ropa en remojo






 Mujeres mirando los aviones





 Lavabo





 Interior del water





 En la cocina





 Almendro en flor






 Vallecas






 Perro muerto






 La cena






 Mieres






El mar







Antonio López García (Tomelloso, Ciudad Real, 6 de enero de 1936pintor y escultor.

diciembre 29, 2011

13. DYLAN THOMAS






VEO A LOS MUCHACHOS DEL VERANO




I

Veo a los muchachos del verano en su ruina
convertir en eriales los dorados rastrojos,
desdeñar las cosechas y congelar los suelos;
y allí, en su ardor, el invernal diluvio
de amores escarchados, persiguen a las niñas,
y echan en sus mareas los sacos de manzanas.

Los muchachos de luz en su locura, coagulan lo que tocan,
agrian la miel hirviente;
hurguetean los muñecos de escarcha en las colmenas;
allí en el sol, frígidas hebras
de oscuridad y duda, ellos nutren sus nervios
y el signo de la luna, nada es en sus vacíos.

Veo a los muchachos del verano en el vientre materno
rasgar hacia la luz la atmósfera del útero,
dividir noche y día con pulgares de duende;
allí, desde lo hondo, con sombras seccionadas
de sol y luna ellos pintan sus dársenas
mientras les pinta el sol los cascos de la frente.

Sé que de estos muchachos han de surgir hombres de nada
hechos por la transformación de las semillas,
o han de lisiar el aire saltando de sus llamas,
desde sus corazones, cuando el pulso candente
del amor y la luz estalle en sus gargantas.
Oh, ved el pulso del verano en el hielo.

II

Pero las estaciones deben ser desafiadas o se tambalearán
en algún cuarto de hora repicante
donde, como una puntual muerte hacemos tintinear las estrellas;
esa noche en que el invierno soñoliento
les tira de la negra lengua a las campanas
y no se atreven a chistar siquiera
los vientos de la luna y de la medianoche.

Somos los oscuros negadores, exorcicemos a la muerte
en la mujer colmada de verano,
arrojemos la vida musculosa de los amantes que se crispan,
y de los muertos limpios que hace fluir el mar
echemos al gusano de ojos brillantes en la linterna de Davy,
y del vientre preñado quitemos el muñeco de paja.

Nosotros, muchachos del verano en esta red de cuatro vientos,
verdes por el hierro de las algas,
levantemos al bullicioso mar y arrojemos sus pájaros,
alcemos la bola del mundo llena de olas y espuma
para ahogar los desiertos con sus mareas
y trenzar los jardines del condado.

En primavera ornamentamos nuestra frente.
Vivan las bayas y la sangre,
y crucificamos a los alegres señores en los árboles;
Aquí el húmedo músculo del amor se aja y muere,
aquí estalla un beso en una cantera sin amor,
Oh ved en los muchachos los polos de la promesa.

III

Yo os veo, muchachos del verano, en vuestra ruina.
El hombre en el desierto de su larva.
Y los muchachos son plenos y ajenos en la bolsa.
Soy el hombre que vuestro padre fue.
Somos hijos del pedernal y de la brea.
Oh, ved cómo se besan los polos que se cruzan.






UN CAMBIO EN LOS CLIMAS DEL CORAZÓN




Un cambio en los climas del corazón
vuelve seco lo húmedo, la bala de oro estalla
sobre la tumba helada.
Un clima en la comarca de las venas
cambia la noche en día; la sangre entre sus soles
ilumina al viviente gusano.

Un cambio en el ojo advierte a tiempo
la ceguera hasta el hueso; y el útero incorpora
una muerte mientras surge la vida.

Una sombra en el clima del ojo
es a medias su luz; el mar sondeado irrumpe
sobre una tierra sin arpones.
La semilla que del lomo hace una selva
divide en dos su fruto; y la mitad se escurre
lenta en un viento dormido.

Un clima en la carne y el hueso
es seca y húmeda; el viviente y el muerto
se mueven como espectros ante el ojo.

Un cambio en el clima del mundo
vuelve espectro al espectro; y cada niño dentro su madre
se repliega en su doble de sombra.
Un cambio echa la luna dentro del sol,
tira de las ajadas cortinas de la piel;
y el corazón entrega a sus muertos.






ANTES QUE LLAMARA




Antes que llamara y la carne me abriese,
que mis líquidas manos golpearan en el vientre,
yo, que era entonces informe como el agua
que formaba el Jordán junto a mi casa
era hermano de la hija de Mnetha
y hermana del gusano que gestaba la vida.

Yo que era sordo ante la primavera y el verano,
que no sabía los nombres de la luna y el sol,
ya sentía el latido bajo la armadura de mi carne,
aunque existía sólo en forma de infusorio,
veía las plomizas estrellas, el martillo lluvioso
que mi padre balanceaba en su cúpula.

Conocía el mensaje del invierno,
los dardos del granizo y la nieve pueril
y el viento era mi hermana pretendiente;
en mí saltaba el viento, el rocío infernal;
y mis venas fluían con los climas de oriente;
antes que me engendraran supe el día y la noche.

Antes que me engendraran ya por cierto sufría;
el potro de tortura de los sueños
enroscaba mi osamenta de lirio
en una cifra viva,
la carne era cortada para cruzar los bordes
de las horcas en cruces sobre el hígado
y las zarzas de los cerebros estrujados.

Mi garganta conocía la sed antes de la estructura
de vena y piel alrededor del pozo
donde palabras y agua se entremezclan
sin pausa alguna, hasta pudrir la sangre,
mi corazón conocía el amor, mi vientre el hambre;
al gusano yo olía entre mis propias heces.

Después el tiempo envió a mi mortal criatura
a derivar o ahogarse en los océanos
habituados a la aventura de la sal
en las mareas que jamás tocan las orillas.
Yo que era rico, me hice más rico aún
sorbiendo poco a poco el vino de los días.

Nacido del espectro y la carne, no era espectro
ni hombre, sino espectro mortal.
Y luego me abatió la pluma de la muerte.
Fui mortal hasta el último suspiro prolongado
que llevó hacia mi padre
el mensaje de su agónico cristo.

Tú que te inclinas en la cruz y el altar
acuérdate de mí y apiádate de Aquel
que mi carne y mi sangre tomó por armadura
y llegó a traicionar el vientre de mi madre.






LA FUERZA QUE POR EL VERDE TALLO IMPULSA A LA FLOR




La fuerza que por el verde tallo impulsa a la flor
impulsa mis verdes años; la que marchita la raíz del árbol
es la que me destruye.
Y yo estoy mudo para decirle a la encorvada rosa
que la misma fiebre invernal dobla mi juventud.

La fuerza que impulsa el agua entre las rocas
impulsa mi roja sangre; la que seca los arroyos parlantes
vuelve cera los míos.
Y yo estoy mudo para contarle a mis venas
cómo la misma boca bebe del manantial de la montaña.

La mano que arremolina el agua del estanque
remueve las arenas; la que amarra las ráfagas del viento
iza mi vela de sudario.
Y yo estoy mudo para decirle al ahorcado
que el barro del verdugo está hecho de mi arcilla.

Los labios del tiempo sorben del manantial;
el amor gotea y se acumula, mas la sangre vertida
calmará sus pesares.
Y yo estoy mudo para decirle al viento en la intemperie
cómo ha trazado el tiempo un cielo entre los astros.

Y yo estoy mudo para decirle a la tumba de la amada
que en mi sábana avanza encorvado el mismo gusano.







DONDE UNA VEZ LAS AGUAS DE TU ROSTRO




Donde una vez las aguas de tu rostro
giraron impulsadas por mis hélices, sopla tu áspero fantasma,
los muertos alzan la mirada;
donde un día asomaron el pelo los tritones
a través de tu hielo, el viento áspero navega
por la sal, la raíz, las huevas de los peces.

Donde una vez tus verdes nudos hundieron su atadura
en el cordón de la marea, allí camina ahora
el vegetal destejedor,
con tijeras filosas, empuñando el cuchillo
para cortar los canales en su origen
y derribar los frutos empapados.

Invisibles, tus mareas medidoras del tiempo
irrumpen en las camas galantes de las algas;
el alga del amor se vuelve mustia;
allí en torno a tus piedras
sombras de niños van, que desde su vacío
lloran ante el mar colmado de delfines.

Secos como la tumba, tus coloreados párpados
no serán aherrojados mientras la magia se deslice
sabia sobre el cielo y la tierra;
habrá corales en tus lechos,
habrá serpientes en tus mareas,
hasta que mueran todos nuestros juramentos del mar.








HALLA LA CARNE SOBRE LOS HUESOS




Halla la carne sobre los huesos que pronto estarán desnudos,
y bebe en los dos riscos de leche,
la más alegre médula y las heces
antes que los pechos de las damas sean harapos
y sus piernas jirones.
No turbes, hijo mío, las mortajas
pero cuando las damas se vuelvan frías como piedras
cuelga de sus andrajos una rosa con cuernos.

Sublévate contra las ataduras de la luna
y el parlamento de los cielos,
los oficios de rey del mar maléfico,
la autocracia de la noche y el día,
la autarquía del sol.
Sublévate contra el hueso y la carne,
la orden de la sangre, la maliciosa piel,
y el gusano que no puede asesinar ningún hombre.

'"La sed se me ha extinguido, se me ha  apagado el hambre,
resquebrajado está mi corazón;
mi cara en el espejo es macilenta
mis labios se han marchitado a besos,
mis pachos están flacos.
Una alegre muchacha me tomó por un hombre,
hice que se tendiera para contarle su pecado
y puse a su costado una rosa con cuernos".

El gusano al que ningún hombre puede matar
y el hombre al que no puede colgar ninguna soga
se sublevan contra el sueño de mi padre
que grita a la sucia arpía en la enramada de los cerdos rojizos
que se tienda a sus pies.
No puedo asesinar como un tonto
la luz del sol y la estación, la gracia, y la muchacha,
ni hacer más suave el dulce despertar.

La negra noche aún asiste a la luna
y sigue el cielo aplicando sus leyes,
el mar me habla con voz de rey,
la oscuridad y la luz no son enemigas
sino una sola compañera.
"¡Guerra a  la araña y al reyezuelo!
¡Guerra al destino del hombre!
¡Muera el sol!".
Antes que la muerte te prenda, oh, toma de vuelta todo esto.









Y LA MUERTE NO TENDRÁ DOMINIO




Y la muerte no tendrá dominio.
Los hombres desnudos han de ser un solo
con el hombre en el viento y la luna poniente;
cuando sus huesos queden limpios y los limpios huesos se dispersen,
ellos tendrán estrellas en el codo y el pie;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar de nuevo surgirán,
aunque se pierdan los amantes, no se perderá el amor;
y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.
Los que hace tiempo yacen
bajo los dédalos del mar no han de morir entre los vientos,
retorcidos de angustia cuando los nervios cedan,
atados a una rueda no serán destrozados;
la fe, en sus manos, ha de partirse en dos,
y habrán de traspasarles los males unicornes;
rotos todos los cabos, ellos no estallarán.
Y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.
Ya las gaviotas no gritarán en los oídos
ni romperán las olas sonoras en las playas;
donde alentó una flor, otra flor tal vez nunca
levante su cabeza a los embates de la lluvia;
y aunque ellos estén locos y totalmente muertos
su cabezas martillearán en las margaritas;
irrumpirán al sol hasta que el sol sucumba,
y la muerte no tendrá dominio.







EN DIRECCIÓN AL ALTAR BAJO LA LUZ DEL BUHO



VII

Grabad ahora el Padrenuestro sobre un grano de arroz
una Biblia con hojas de todas las maderas escritas
ceñidas a este árbol; un alfabeto que se mece,
Génesis en la raíz, la palabra espantapájaros,
y en el libro de árboles, el idioma de una sola luz.
Malditos sean los negadores cuyas palabras cambian con el viento
El tiempo es la tonada Oh Señoras con las tetas de música
peces espadas fijos en la desnuda esponja,
que a Adán, de voz sonora absorbe de la magia
tiempo, leche y magia, desde que el mundo comenzara.
El tiempo es la tonada con que las damas nos prestan su dolor,
desde raídos pabellones y la casa del pan
el tiempo sigue al ruido de la forma sobre el hombre y la nube
y deja su huella tintineante en la rosa y el hielo.








OH HAZME UNA MÁSCARA




Oh hazme una máscara y un muro que me oculte de tus espías
de esos agudos ojos esmaltados y de las garras ostentosas
de la rebeldía y la violación en los viveros de mi rostro,
una mordaza de árbol, en silencio golpeado para cubrirme de los
desnudos [enemigos
hazme una lengua de bayoneta en esta oración indefensa,
vuelve mi boca flagrante y que sea una trompeta de mentiras
soplada dulcemente,
dame las facciones de un tonto moldeado en vieja armadura y roble
para escudar el cerebro brillante y confundir a los indagadores,
y un dolor viudo manchado de lágrimas caído de las pestañas
para velar la belladona y hacer que adviertan los ojos secos
que otros traicionan las quejumbrosas mentiras de sus pérdidas
con los pliegues de la boca desnuda y la risa solapada.









UNA VEZ ERA EL COLOR DEL DECIR




Una vez era el color del decir
empapaba mi mesa el lado feo de la colina
con un campo volcado donde una escuela callada se asentaba
y un remiendo de niñas blanco y negro en sus juegos crecía;
Yo debo deshacer esas laderas suaves
para que todo lo que se ahogó grácilmente con el canto del gallo se alce para
                                                                                                    [matar.
Cuando silbaba yo con los granujas a través de los depósitos
a los amantes fríos y chiflados en la mugre de sus frondosas
camas
la sombra de sus árboles era una palabra de muchas formas
y una lámpara de relámpagos para el pobre en la oscuridad.
Ahora mi decir será mi deshacer
y cada piedra que devane como un carrete.









SIN TRABAJAR CON LAS PALABRAS




Sin trabajar con las palabras durante tres meses estériles
en el vientre sangriento del año rico y la gran bolsa de mi
cuerpo
censuro amargamente mi oficio y mi pobreza:

Tomar, dar, eso es todo, devolver lo que se da con hambre
soplar hacia los cielos a través del rocío las libras del Maná,
el bello don de la charla rebota contra una vara ciega.

Elevarse, alejarse de la riqueza humana es gustar a la muerte
que al fin arrasará con los dineros del aliento marcado
y contará los misterios robados, traicionados en una maligna oscuridad.

Rendirse ahora es pagarle dos veces a ese ogro insaciable.
Bosques antiguos de mi sangre, precipitaos a la cuenca de los
mares
si me pongo a quemar o resarcir el mundo lo cual es la tarea de cada uno de los    [hombres.












"SI MI CABEZA CAUSARA EL MÁS MÍNIMO DOLOR"




"Si mi cabeza causara el más mínimo dolor
vuelve a encerrar el hueso descendido. Si el globo intacto de mi aliento
chocara en un conducto deja que salten las burbujas.
Es mejor ceñirme la garganta con el gusano de las sogas
que alardear un amor enfermizo en esa escena de pañales.

"Todos los estribillos caben en tu anillo de reñidero;
he de peinar los bosques enredados con un guante en la lámpara,
picotear, correr,  bailar sobre las fuentes y zambullirme en el tiempo
antes de que reduzca a martillazos el fantasma, el aire,
aporree la luz y ensangriente un cuarto sonoro.
Si mi arribo encorvado y simiesco es cruel
arrójame con ira a la casa en que me hicieron. Mi mano se desata
cuando tú coses la profunda puerta. La cama es un lugar de
aflicción.
dóblate como un arco si mi travesía te doliera
o haz una sombra renga y sin jinete que gotee nueve meses fluidos"

"No. Ni por el lecho deslumbrante de Cristo
ni por un sueño nacarado entre encantos y partículas suaves
mi amor, yo cambiaría mis lágrimas o tu cabeza de hierro.
Mi hijo o hija, nada te empujará a la fuga, nada, nada,
aunque se rompan las pesadas multitudes acuáticas del cielo.

Ahora con mi gozo por cueva, a despertar, envainado de gestos
hacia la angustia y la carroña, hacia el infante que nunca será libre;
oh mi amor perdido, arrojado de un buen hogar;
la semilla que rápida se asoma al borde de la tumba
tiene una casa y una voz, y aquí y allí debes recostarte y llorar.

"Descansa ahora sin elección posible en la semilla destinada al polvo
junto al pecho henchido de mares.
No hay regreso por las aguas de las calles gordas ni por los flacos caminos de los    [huesos.
La tumba y mi calmo cuerpo están cerrados como una piedra a tu regreso
y el sufrimiento abre el principio sin fin de los prodigios."











AMOR EN EL HOSPICIO




         Una extraña ha venido
a compartir mi cuarto en esta casa que anda mal de la cabeza,
         una muchacha loca como los pájaros

traba la puerta de la noche con sus brazos, sus plumas.
         Ceñida en la revuelta cama
alucina con nubes penetrantes esta casa a prueba de cielos

         hasta alucina con sus pasos este cuarto de pesadilla.
libre como los muertos
         o cabalga los océanos imaginarios del pabellón de hombres.

Ha llegado posesa
         la que admite la alucinante luz a través del muro saltarín,
posesa por los cielos

         ella duerme en el canal estrecho, hasta camina el polvo
hasta desvaría a gusto
         sobre las mesas del manicomio adelgazadas por mis lágrimas.

Y tomado por la luz de sus brazos, al fin, mi Dios, al fin
         puedo yo de verdad
soportar la primera visión que incendia las estrellas.











NO ENTRES DÓCILMENTE EN ESA NOCHE QUIETA




No entres dócilmente en esa noche quieta.
La vejez debería delirar y arder cuando se cierra el día;
Rabia, rabia, contra la agonía de la luz.

Aunque los sabios al morir entiendan que la tiniebla es justa,
porque sus palabras no ensartaron relámpagos
no entran dócilmente en esa noche quieta.

Los buenos, que tras la última inquietud lloran por ese brillo
con que sus actos frágiles pudieron danzar en una bahía verde
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Los locos que atraparon y cantaron al sol en su carrera
y aprenden, ya muy tarde, que llenaron de pena su camino
no entran dócilmente en esa noche quieta.

Los solemnes, cercanos a la muerte, que ven con mirada deslumbrante
cuánto los ojos ciegos pudieron alegrarse y arder como meteoros
rabian, rabian contra la agonía de la luz.

Y tú mi padre, allí, en tu triste apogeo
maldice, bendice, que yo ahora imploro con la vehemencia de tus lágrimas.
No entres dócilmente en esa noche quieta.
Rabia, rabia contra la agonía de la luz.










EN MI OFICIO O ARTE SOMBRÍO




En mi oficio o arte sombrío
ejercido en la noche silenciosa
cuando sólo la luna se enfurece
y los amantes yacen en el lecho
con todas sus tristezas en los brazos,
junto a la luz que canta yo trabajo
no por ambición ni por el pan
ni por ostentación ni por el tráfico de encantos
en escenarios de marfil,
sino por ese mínimo salario
de sus más escondidos corazones.

No para el hombre altivo
que se aparta de la luna colérica
escribo yo estas páginas de efímeras espumas,
ni para los muertos encumbrados
entre sus salmos y ruiseñores,
sino para los amantes, para sus brazos
que rodean las penas de los siglos,
que no pagan con salarios ni elogios
y no hacen caso alguno de mi oficio o mi arte.











ENTRE LOS MUERTOS EN EL ATAQUE AL ALBA HABÍA UN HOMBRE DE CIEN AÑOS




Cuando sobre la guerra despertaba la mañana,
él se vistió y salió y murió,
su pelo bostezó liberado, disperso por un golpe de viento,
cayó en el lugar que amaba sobre la piedra volada de la calle,
y sobre los granos fúnebres del suelo asesinado.
A su calle de espaldas, decidle que él detuvo un sol
y que los cráteres de sus ojos dispararon balazos y fuego
cuando todas las llaves se lanzaron desde las cerraduras y se
pusieron a tañer.
No escarbéis más en las cadenas de su canoso corazón.
La ambulancia del cielo arrastrada por una congregación de
heridas
espera el anillo de la espada en la jaula.
Oh apartad sus huesos de ese carro común,
está volando la mañana sobre las alas de su edad
y hay cien cigüeñas que se posan sobre la mano derecha del sol.









VISIÓN Y PLEGARIA


I

Quién
eres tú
tú que naces
en el cuarto vecino
tan patente en mi cuarto
que alcanzo a oír el vientre
cuando se abre y la sombra que avanza
tras la pared delgada como un hueso de jilguero
en el cuarto sangrante del nacimiento oculto
para el incendio y el girar del tiempo
la huella del corazón humano
no venera el bautismo
sino la sola sombra
cuando bendice
a la salvaje
criatura.

Yo
d e b o
recostarme
quieto como piedra
contra el delgado muro
para oír el lamento de la madre
oculta  y  la  sombría cabeza del dolor
que tira del mañana cual si fuera una espina
y los cantos que elevan las comadronas del milagro
hasta  que  el  recién  nacido  tumultuoso
me queme con su nombre y su llama
y la pared alada se  desgarre
por su corona abrasadora
y se lance la sombra
desde la espalda
hasta la luz
radiante.
Cuando
él quiebreel hueso de jilgueroy la primer auroracon furia de torrente
se eche a bullir sobre el reino que llega
el reino de aquel que deslumbra a los cielos
y de la maternal doncella a quien roció la sangre
la que lo echó a la luz con una llamarada entre su boca
y lo meció después como a una tempestadhe de correr perdido en el terror
y en el brillar del cuarto
alguna vez encapuchado
y en vano lloraré
en el caldero
de su
beso



en
el giro
del sol
en el espumoso
ciclón de sus alas
porque yo me perdí y estoy acá
llorando junto al trono del hombre
que diluvia en la furia primera del torrente
y los relámpagos de la adoración
me vuelven al oscuro silencio líquido y enlutado
porque yo me perdí, yo que ahora he venido
al albergue inaudito
el que descubre
y el mediodía pleno
de su herida
ciega mi
llanto.









BENDITA PRIMAVERA




                                        Oh
         fuera de una cama de amor
cuando el hospital inmortal hizo otro movimiento
         para aliviar el escrutado e incurable cuerpo,
                   y la ruina y sus causas
sobre el mar agresivo y punzante que como un falso ejército
         arrasó nuestras casas y nuestras heridas,
me trepo a saludar a la guerra en la cual no tengo corazón
alguno
         más que aquel sombrío al que debo mi luz,
llamo al confesor y a un espejo más sabio, pero ninguno hay
         que arda tras la noche que es un dios lapidario
y me descubro tan solitario como un hacedor de milagros al
sol.


                                        No
         Celebrad que la primavera sea todo
Gabriel y radiantes arbustos mientras crece la mañana gozosa
         desde la pira de la desgracia
y la bochornosa lágrima de la multitud se enfría sobre muro de los llantos
         mi pródigo naciente
y el padre sol, su temblor lleno de niños de fuego puro,
         pero benditos sean el granizo y el cataclismo
aquella inquietud por cierto todavía está sola para ponerse de
pie y cantar
         sola en la cáscara del hogar humano
y la madre y la casa en derrumbe de la bendita primavera,
         si por lo menos fuera la última vez.









LAMENTO




Cuando era yo un muchacho presuntuoso y una pizca de hombre
y el negro escupitajo de los feligreses,
(suspiraba el viejo vástago de carnero en su agonía de mujeres)
andaba de puntillas, tímido en el bosque de grosellas,
la tosca lechuza gritaba como una jaca legendaria,
en mi rubor, brincaba mientras las niñas grandes
jugaban a los bolos en los baldíos de los asnos
y en un vaivén de noches domingueras rondaba
a quienquiera que fuese con mis ojos perversos,
tanto como el tamaño de la luna podía yo amar
y abandonar junto al arbusto negro como el carbón
a todas las esposas en las pequeñas bodas
de hojas verdes y dejarlas penando.

Cuando era yo un hombre borrascoso y apenas medio hombre
la bestia negra de la congregación de escarabajos
(suspiraba el viejo vástago de carnero en su agonía de putas)
no un muchacho y una pizca de hombre en la luna perversa que
se hundía
y borracho como un becerro recién parido
silbaba la noche entera en retorcidas chimeneas,
las comadres surgían en las zanjas de medianoche,
y las achicharrantes camas pueblerinas gritaban: "de prisa"
cuandoquiera que me zambullía en un pecho como alto bajío
dondequiera que brincase sobre colchas de trébol
lo que quiera que hiciese en la noche de color carbón
dejaba siempre mis huellas temblorosas.

Cuando era yo un hombre, lo que se dice un hombre
y la cruz negra de la casa bendita,
(suspiraba el viejo vástago de carnero en su agonía de bienvenida)
con aguardiente y uvas en el albor brillante de mi primera edad,
no un gato macho de cola florecida en la ciudad candente
y cada mujer domada su ratón,
sino un toro de la loma en el bochorno del verano
que llegaba en su grande y buen momento
a las bestias que enardeciéndose sufrían, me dije,
¡oh mucho tiempo habrá cuando la sangre fría ya se arrastre
y yo me eche en la cama sólo para dormir
a causa de mi alma ceñuda y perezosa, negra como el carbón!

Cuando era yo la mitad del hombre que era
y merecía las advertencias de los curas,
(suspiraba el viejo vástago de carnero en su agonía de ruina)
no un becerro restallante ni un gato enardecido
ni un toro de la loma en la lechosa hierba,
sino una oveja negra con un cuerno arrugado,
al fin el alma abortada de su falso agujero ratonil
se enfurruñaba cuando el tiempo de claudicar venía
y di a mi alma un ojo ciego, maltratado,
cartílago y corteza y una estruendosa vida,
y la empujé hasta el cielo negro como el carbón
para encontrar un alma de mujer por esposa.

Ahora ya no soy un hombre, ya no lo soy,
sólo una negra recompensa por mi vida estruendosa,
(suspiraba el viejo vástago de carnero en su agonía de extraños),
pulcro y maldito en mi cuarto arrullado de palomas
yazgo, delgado y oigo las bondadosas campanas
porque, ¡oh! mi alma encontró una esposa dominguera
en el cielo negro como el carbón y ella aburre a los ángeles!
¡me rodean arpías que surgen de su vientre!
la castidad reza por mí, la piedad canta,
endulza la inocencia mi último negro aliento
la modestia esconde mis muslos en sus alas,
y todas sus mortíferas virtudes fastidian mi muerte!









EN EL MUSLO DEL GIGANTE BLANCO




Por entre las gargantas, donde se cruzan muchos ríos
gritan los pájaros acuáticos
bajo la luna fecundada sobre la alta colina de yeso.
Y allí, esta noche, voy por el muslo del gigante blanco
donde mujeres yermas como piedras
yacen quietas y ansiosas por trabajar y amar
aunque ya se rindieron hace tiempo.

Por entre las gargantas donde se cruzan muchos ríos, las mujeres rezan,
suplicando en la bahía vadeada que se derrame la simiente
aunque la lluvia barrió los nombres escritos en sus piedras
cubiertas de maleza.
y solas en el eterno oficio curvo de la noche
suspiran con sus lenguas de pájaros acuáticos
por los inmemoriales hijos no concebidos
de la mellada, tundida colina.

Ellas, que en un invierno con carne de gallina amaron todo el hielo abandonado
en los senderos de los galanes, o se enroscaron bajo el buey
abrasador del sol
en las carretas con sus cargas tan altas que los manojos de heno
se asían de las nubes oblicuas, o alegres se acostaron con alguno
tan joven como ellas a la luz recién ordeñada de la luna

bajo las formas iluminadas de la fe, y sus enaguas por la luna sombreadas
se levantaban alto con el viento.
o se sobresaltaban con los rudos y jóvenes jinetes,
ahora me oprimen contra sus granos en un claro del bosque gigantesco,
ellas, las que una vez, ya verdes campos hace, fueron un seto vivo de alegrías.

Hace tiempo, su polvo fue carne que olfateaba el porquerizo astuto,
encendida en el vaho de la pocilga nupcial, por la impetuosa
claridad de sus muslos alardeando hacia el cielo del muladar
o con su hortelano, en el corazón del arbusto solar,
eran rudas como lenguas de vaca y podadas con zarzas sus
melenas mantecosas
bajo el verano sofocante, llenas de espinas de oro hasta los
huesos,
o se ondulaban suaves como seda en la luna hilandera
y arrojaban piedrecillas al lago que sonaba como un arpa de
granizo.

Las que una vez eran un florecer de novias al borde del camino en las casas de los [espinos blancos
y oían al campo lascivo y cortejado, fluir hacia las próximas
escarchas
y el chillar de los pequeños frailes escurridizos, ataviados de
pieles
al extinguirse el día, en las naves de cardos, hasta que la lechuza blanca
cruzaba por sus pechos y escuchaban jactarse a las gamas
arqueadas y a los           [cornudos gamos
trepar veloces, ante el llamado del amor, al bosque
donde echa espuma una antorcha de zorras,
a todos los pájaros y bestias de la noche engarzada oían repicar
bulliciosos

y el topo achataba el hocico al peregrinar bajo las cúpulas
o, robustas cuidadoras de gansos, saltaban en un catre,
llenos de miel sus pechos, bajo su ganso rey
que en el siseante establo las azotaba con sus alas,
muertas hacía tiempo y consumida la cebada oscura donde sus
zuecos danzaban en          [primavera
y volaban sus horquillas de luciérnaga y rodaban las parvas
(pero nada nacía, ningún niño prendía su boca a las venosas
colmenas
y desnudas y estériles en tierra de Madre la Oca,
ellas eran con sus simples aldeanos un pedregal de esposas)

Ahora el grito del pájaro acuático me derriba para besar sus bocas en el polvo.

El polvo de sus ollas y relojes se hamaca
donde cabalga ahora el heno o las cocinas de helecho se enmohecen
como el arco de las hoces que podaba los setos a relámpagos
y cortaba las ramas de los pájaros que la savia trovadora
enrojecía.
Ellas, desde las casas donde se hinca la cosecha, me oprimen
fuertemente,
las que oyeron doblar la alta campana en los domingos de los muertos
y la lluvia que escurría sus lenguas por el patio esfumado,
me enseñan que el amor es siempre verde luego de la tumba
donde caen las hojas
luego que el Amado sobre la cruz enterrada en la hierba
sea barrido por el sol y las Hijas ya no se lamenten
salvo por sus largos deseos en las calles de las jóvenes zorras
o por su hambre en el bosque derribado;
a estos muertos sanos e inmortales de veras aman las mujeres de la colina
por siempre meridianas entre los árboles de los galanes

Y las hijas de la sombra llamean todavía como arden las fogatas cierta noche de    [otoño.









Dylan Thomas (Swansea, Gales, 27 de octubre de 1914 – † Nueva York,9 de noviembre de 1953) :  Publico, entre otros, los poemarios Eighteen Poems, Deaths and Entrances o el postumo Under Milk Wood.